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Martes, 1 de septiembre de 2026

Martes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Ciclo A

VÍSPERAS

Himno

Mentes cansadas,

manos encallecidas,

labriegos al fin de la jornada,

jornaleros de tu viña,

venimos, Padre,

atardecidos de cansancio,

agradecidos por la lucha,

a recibir tu denario.

Llenos de polvo,

el alma hecha jirones,

romeros al filo de la tarde,

peregrinos de tus montes,

venimos, Padre,

heridos por los desengaños,

contentos por servir a tu mesa,

a recibir tu denario.

Hartos de todo,

llenos de nada,

sedientos al brocal de tus pozos

y hambrientos de tu casa,

venimos, Padre,

el corazón entre tus brazos,

la frente humilde de delitos,

a recibir tu denario. Amén.

Salmodia

No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Oíd esto, todas las naciones,

escuchadlo, habitantes del orbe:

plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,

y serán muy sensatas mis reflexiones;

prestaré oído al proverbio

y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y me acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,

que nunca les bastará

para vivir perpetuamente

sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,

lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua

y su casa de edad en edad,

aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,

sino que perece como los animales.

No podéis servir a Dios y al dinero.

«Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Éste es el camino de los confiados,

el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,

la muerte es su pastor,

y bajan derechos a la tumba;

se desvanece su figura

y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,

me saca de las garras del abismo

y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre

y aumenta el fasto de su casa:

cuando muera, no se llevará nada,

su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:

«Ponderan lo bien que lo pasas»,

irá a reunirse con sus antepasados,

que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente

es como un animal que perece.

«Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE

Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; son justificados gratuitamente, mediante la gracia de Cristo, en virtud de la redención realizada en él, a quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación.

R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R. En tu presencia, Señor.
V. De alegría perpetua a tu derecha.

R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Preces

Alabemos a Cristo, pastor y obispo de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y digámosle suplicantes:

Protege, Señor, a tu pueblo.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo N. — y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución, — y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados — y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los pueblos — y dales sabiduría y prudencia.

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre — y admítelos en el festín de las bodas eternas.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Nuestra Señora de los Pobres